LA HISTORIA Y LA MEMORIA

Daniele Biacchessi

 

Foto di Roberto Agostini Chiesa Sant'Orsola Viterbo

 

Rappresentato in versione solista nel tour Cuba 2004: L'Avana, Trinidad, Niquero, Santiago.

Live Cuba Avana Parque Almendares solista 19/04/2004(audio video)

 



Agosto del 1994. Santa Anna di Stazzema es un pequeņo pueblecito de montaņa, en la Provincia de Lucca, en Toscana. La historia parte de una foto en blanco y negro, un poco desteņida, refleja un grupo de pequeņos que juegan alegres delante al parque de la escuela. Cantan y ričn felices, se tienen de la mano y hacen una rueda: Las niņas vestidas de blanco, con los delantales limpios y los sombreritos en la cabeza. Los niņos con la camisa, los pantalones cortos y las trabillas.

<< Giro giro tondo, casca il mondo, casca la terra, tutti gių per terra>>

Momentos antes habėan escrito sus sueņos en hojas de papel. Pocas lineas, frases de niņos que viven despreocupados dentro de sus juegos mientras alrededor la guerra de los grandes destruye y divide el mundo.

<<Sueņo, sueņo de hacerme mčdico para ayudar a las personas. Sueņo de ver el mar porque desde acā arriba estā lejos. Sueņo, sueņo de llegar a viejo como mi abuelo. Sueņo de hacer el pan con mi abuela. Sueņo, sueņo y aųn sueņo que corro en el bosque con mi perrito>>

Pero el 12 de agosto de 1944, esos sueņos de niņos vinieron quebrantados de algo mās grande que ellos, algo que tenėa que ver con la muerte y la violencia de los grandes. Los cohetes iluminaron el cielo de rojo. Despučs llegaron los soldados nazistas de las SS de la 16ma divisiōn Himmler.
Entraron a Santa Anna di Stazzema acompaņados de italianos facistas con camisa negra.Quemaron las casas, destruyeron las iglesias, el municipio. Al final se contaron 560 muertos. Pocas personas lograron sobrevivir a esa matanza.

Si ustedes van a Santa Anna di Stazzema hay una targa en la plaza principal :
<< En este lugar la guerra arranccō a los niņos de las rondas.>>

Aquella foto de niņos que corren y rien sin preocuparse de las cosas del mundo, conserva aųn hoy el sentido de la historia y de la memoria. Todavėa hoy, despučs del tiempo que ha pasado. Escribėa Cčsar Pavese:
<< Ahora que he visto que cosa es la guerra, sé que todos, si un dėa se terminara, deberėan preguntarse : < Y de los caėdos que hacemos? Porque estan muertos? Yo no sabrėa que cosa responder. No ahora, al menos- No me parece que los demās lo sepan. Porque lo saben solo los muertos, solamente para ellos la guerra se acabō de verdad.>>




Saben ustedes cuantas cosas se pueden amontonar en un armadio? Prueben a imaginarlo. Un armadio que se ha quedado olvidado dentro un edificio del aņo ‘500, a Roma, sede de la Fiscalia General Militar. Un armadio con las puertas contra la pared, serradas a llaves, protegido de una reja y un candado. En mayo del 1994 algunos obreros estaban trabajando en dicho edificio, se dieron cuenta de la presencia de ese armadio. Lo abrieron y saliō a la luz lo que quedaba de la memoria italiana.
695 fascėculos, amontonados unos arriba de los otros. Un registro compuesto de 2273 voces anotaba el contenido de aquel material en modo riguroso, preciso, ordenado. Estaban los testimonios de los sobrevividos a los estragos de los nacistas y de los fascistas. Estaban los nombres de los culpables. Al nųmero 1 la massacre de las Fosas Ardeatine en Roma. A la cabeza Herbert Kappler, seguido del nombre de otros asesinos. Estaba Erich Priebke y Carl Hass. Y estaban aquellos que golpearon a Marzabotto, Fivizzano y a Santa Anna di Stazzema y en centenares de pueblos y ciudades italianas entre el 1944 y el 1945. Todo ordenado con una puntillosidad casi encomiable en una historia de verdadera injusticia, la injusticia mās tremenda que un pueblo pueda sufrir. Fuč una carniceria. Nazista y fascista, SS y “republiquinis” de Salō hicieron miles de victimas. Gente sin armas, civiles que huėan de la guerra. La mayor parte mujeres, niņos y ancianos, pequeņos en paņales todavėa. No fueron represalias. La exacta definiciōn es homicidios. Como fu posible esconder por todo este tiempo una verdad tan importante e incomoda? Quičn decidiō el traslado de aquellos fasciculos?
Saben cual es la verdad? Esos fascėculos que se quedaron sepultados por casi cincuenta aņos traėan dos cuņos: Comando aleado y Comando Alemān. Archivados para siempre en nombre del tratado de Yalta y de la reparticiōn del mundo. Un silencio culpable de los gobiernos italianos que se alternaron hasta el 1994 y que en nombre de aquellos acuerdos han tenido escondido la historia del paės a sus ciudadanos. Pero alguičn en el 2004 conserva las investigaciones sobre los estragos nazi- fascistas en Italia desde el 1944 al 1945. El Fiscal General de la Spezia Marco de Polis. Un dėa me contō:
“ unos meses atrās escuchč un testigo de los hechos. Escondido en un bosque cerca de Marzabotto, viō ametrallar a su madre y la hermana junto a otras 170 personas. Terminaremos las investigaciones en este aņo, si antes no mueren los imputados. Trato de no pensar en eso demaciado, pero la verdad es que estoy haciendo una Norimberga italiana, con 60 aņos de atraso. Dos aņos atrās, antes de comenzar las investigaciones, hubiera dicho que todo este trabajo no tenėa mucho sentido. El ejercicio obligatorio de la funciōn penal, hubiera dicho como magistrado. Despučs conocė los sobrevivientes, las victėmas y sus verdugos. Y cambič idea. Este enorme trabajo es ųtil. Es civil. Es un modo para rendir homenaje al dolor de personas que no tuvieron la posibilidad de tener justicia de parte del Estado.




Las bombas traen mensajes. Muchas veces estan escondidos. Velados, no declarados. A veces ni siquiera se entienden. Del resto los atentados en tiempo de paz meten miedo, dividen el paės, cierran el diālogo entre las fuerzas polėticas y los parlamentarios, blocan el desarrollo de una democracia cumplida, golpean victėmas inocentes, hacen sentir a todos mās bulnerables, y sobre todo apagan las luces de las casas. Cada bomba, perō, contiene una huella digital imborrable. No siempre es fācil llegar al su cōdigo genčtico, pero a menudo se logra. Sirven laboratorios, pericias, profesionalidad. De todas maneras se necesita tiempo, paciencia y mucha suerte. Luego aquella huella que se queda en cada artefacto se convierte en una marca de fābrica. El mensaje de las bombas estalladas en Italia desde el 1969 hasta hoy es algo mās que una prueba. Ahora no sirven anālisis. Es suficiente querer entender.




Aula de maxima seguridad de la cārcel de San Victore, 30 de junio 2001. La campana del proceso a la historia suena a las 4.05 pm. En aquel momento que antecede la lectura de la sentencia, es como oir las emociones que se siguen en el aula. Las esperanzas de los familiares de las victėmas, de los acusados y de la parte civil, las angustias y las dudas de los abogados defensores.

Estrago de Plaza Fontana, 12 de diciembre 1969, 16 muertos, 88 heridos. 32 aņos despučs. El Presidente de la segunda Corte de Assise de Milano, Luigi Martino es un hombre con el pelo gris. Debe haber vito muchas cosas antes de aquel proceso. Por meses ha escuchado neofascistas, hombres unidos a lo Servicios Secretos, generales, maniobreros. Martino leč la sentencia.

Los militantes de Orden Nuevo (organizaciōn facista), Delfo Zorzi, Carlo Marėa Maggi, Giancarlo Rognoni condenados a cadena perpetua. Dos aņos a Stefano Tringali por complicidad con Zorzi. Absoluciōn para el colaborador de la justicia Carlo Digilio.

Sin embargo solo tres aņos despučs esa sentencia viene cambiada. Los arrepentidos reconocidos como creibles en el proceso de primer grado, ahora para los jueces de segundo grado mienten. Porquč despučs de tantos aņos no se quiere hacer luz sobre los estragos italianos? Cuales verdades indecibles estan detrās de esos atentados?



Me piden hechos y nombres?

El 12 de diciembre de 1969 estalla una bomba en el Banco Nazional de la Agricultura en Milān, 16 muertos y 88 heridos. Otra viene colocada en la sede del Banco Comercial. Posee las mismas carcterėsticas de la primera pero no estalla. Otros ordiņos vienen colocados en el pasaje subterrāneo del Banco Nazional del Trabajo en Roma. Trece heridos. Bombas de potencia elevada golpean el Altar de la Patria y el ingreso del Museo del Risorgimiento en Roma. Cuatro heridos. Los investigadores encaminan las investigaciones hacia los anārquicos. Ochenta detenidos y arrestados. Entre ellos estaban el ferroviario Giuseppe Pinelli y el bailarėn Pietro Valpreda. Pinelli se cayō del cuarto piso de la Fiscalėa de Milano durante un interrogatorio. Aņos despučs los jueces escribirėan que Pinelli tuvo un patatųs. Que corage...Valpreda fue encerrado en una cārcel hasta el 1972. Inocente. Pasan los aņos y la magistratura toma la pista justa. Los portafolios que contienen el explosivo del 69 fueron comprados por Franco Freda y Giovanni Ventura, fascistas de Padova. Aflora un plan que debe terminar en un intento de golpe de Estado militar.

Y alguičn lo organiza realmente, la noche del 8 de diciembre de 1970. Es el princėpe Junio Valerio Borghese. Repartos del ejčrcito estan ya operativos, asė como hombres de Avanguardia Nacional y de Orden Nuevo pero el ministro del Interior Mariano Rumor no da el via libre. Aņos despučs se supo que Licio Gelli, Gran Maestro de la logia Masonica P2 tenia que raptar el entonces Presidente de la Repųblica Giuseppe Saragat.
El 22 de julio de 1970 estalla una bomba en el tren “Flecha del Sur” en Gioia Tauro pero los investigadores dicen que ha sido un accidente. No se harān investigaciones hasta el 1993. La bomba fue colocada por dos criminales calabreses. El dinero provenėa del Comitč de acciōn de la provincia de Reggio, formado por representntes y parlamentares del Msi.

Y aųn. 31 de mayo de 1972. Vincenzo Vinciguerra es un militante de Orden Nuevo. Organiza un atentado contra los carabinieres. Llama los militares por telčfono: se estā quemando una māquina. Los carabinieres llegan a Peteano di Sagrato. Se acercan a una māquina modelo 500 rellenada de triol. Abren la puerta... tres carabinieres saltan en aire.

7 de abril 1973. El fascista Nico Azzi hace estallar entre sus piernas un ordiņo en el tren Torino- Roma. Algunos testigos lo habėan visto caminando entre los vagones con una copia del periōdico “Lucha Continua” (periodico de la izquierda extrema) en la mano.

17 mayo de 1973. Gianfranco Bertoli, se acuerdan que decėa que era anārquico pero pertenecėa a los servicios secretos. Tira una granada delante de la Fiscalėa de Milan. 4 muertos. El proyecto debėa terminar en otro intento de golpe de Estado en el 1974.

Me pidieron hechos y nombres. Algunos los he revelados. Es el neofascista Vincenzo Vinciguerra, se acuerdan?, reo confeso en el estrago a Peteano di Sagrato, in Friuli.

“Los estragos que han ensangrntado Italia a partir del 1969, pertenecen a una unica matriz organizativa. Dicha estructura obedece a una lōgica segųn la cual las direcciones salen de Aparatos inseridos en las Instituciones y para la exactitud en una estructura paralela y secreta del ministerio del Interior. ”.

Me pidierōn hechos y nombres, eh... Ahora estā todo mās claro?



Brescia, 28 de mayo de 1974. El cielo no promete nada bueno. Entran en la Plaza de la Logia diezmil sindicalistas, obreros, estudiantes, desempleados, jōvenes y ancianos, caras de gente comunes. Los manifestantes esperan una seņa, un gesto el seņal de una protesta civil contra una violencia que ya dura desde semanas. Lo han jurado: aquellos atentado, aquellas bombas se tienen que acabar. Habla Franco Castrezzati de la Cisl. Son las 10.12 am. La lluvia inizia a caer copiosa sobre miles de paraguas abiertos, sobre los impermiables sobre los chalecos. Las suyas seran palabras atragantadas.

“Amigos y compaņeros, trabjadores, estudiantes, estamos en la plaza porque en estos ultimos tiempos una serie de atentados de clara marca fascista ha puesto nuestra ciudad a la atenciōn preocupada de todas las fuerzas antifascistas. Y asė han venido a la luz hombres de primer orden que tienen relaciones con los atentadores de Plaza Fontana y del tren Torino – Roma, vienen tambičn a la luz bombas, armas, tritol, explosivos de todo tipo. Nos encontramos de frente a tramas entretejidas secretamente de quičn tiene los meios y los objetivos precisos. A Milano... Esten parados... este tranquilos, esten tranquilos. Esten en la parte interior de la plaza, el servicio de orden haga un cordon alrededor de la plaza, esten al interno de la plaza. Inviamos a todos a dirigirse debajo del palco, vengn debajo del palco, esten tranquilos, dejen el puesto a la Cruz Blanca, dejen el paso, dejen el pao a las māquinas, todos en Plaza de la Victoria, todos en Plaza de la Victoria”.

Plaza de la Logia, 28 de mayo 1974. Ocho muertos. 94 heridos, algunos graves. Cinco maestros, dos obreros, un jubilado. Ni siquiera una sonrisa, una sospecha, una palabra, ni siquiera una fracciōn de tiempo, cuanto basta para darse cuenta que en un cesto de la basura, debajo de los pōrticos de la plaza, hubo quičn colocō poco antes un ordiņo de alto potencial. Al final morirėan al instante, en el dėa en que del polvo negro y amarillento hubo quičn viō volar incluso una bicicleta. Va para arriba, parece un extraņo monstruo de metal. Se alza mās allā de las miradas de las personas, despučs se destroza en el asfalto.



80 kilometros separan Florencia de Boloņa. En tren es mās o menos una hora de camino, pero dura una eternidad. Puedes ver un mundo dentro aquellos tųneles, anchos de una oscuridad intensa. Al final de un tunel hay otro mās. Desde Vernio a San Benedetto Val di Sembro hay un tunel, dieciocho kilometros, la mās larga de toda Italia.

El 4 de agosto de 1974 era un dėa soleado, caluroso. Yo estaba en la playa, sentado en una tumbona. Miraba el horizonte lejano, habėa quičn se baņaba, quien leėa, alguičn escuchaba la radio. Y en aquel agosto de 30 aņos atrās, un fragmento musical fuč interrumpido bruscamente y mandaron en honda la sintonėa de la ediciōn extraordinaria del noticiero radio. Dentro un vagōn de segunda clase ha estallado una bomba de alto potencial. Sucediō propio en el tunel ferroviario de San Benedetto Val di Sembro. 12 muertos y un centenr de heridos. Aquel dėa mās nadie entrō en el agua, mi padre se puso las manos en la cabeza e iniciō a fumar, los niņos dejaron de gritar. Un largo silencio. El mismo que advertimos el 23 de diciembre de 1984, siempre a San Benedetto Val di Sembro en el tren rāpido 904. 15 muertos.

Por los estragos en los trenes Italicus y 904, aųn hoy no se ha hecho justicia.




Hay algunos silencios tan llenos de ruidos que muchas veces se anulan recėprocamente. Frases, acciones, gestos, miradas, la vida se ha congelado, hibernada, como aquellas estatuas de yeso que no tienen color, estan ahė immobiles, te miran, ya no tienen un alma pero hablan. Que cosa contienen dos minutos de tiempo despučs de un estrago? Hay silencios en los que las palabras no dichas suenan mās fuertes. Frases que retocan en la cabeza, claras y redondas, pellizcan la garganta, en el fondo de la lengua, aprietan fuerte sobre la laringe y chasquean, sonoras y sin voz, contra el paladar. Silencios en los cuales las palabras se transforman en gritos sofocantes. Como vidas suspendidas que no son mās cuerpo y espacio. En invierno, hay muchas maņanas frėas y grises en las que un grito es mās agudo y mās veloz que un dėa de neblina espesa. En verano hay ciertos dėas de primero de agosto, transparentes, calurosas, donde no hay razōn para que un grito no pueda hacer lo mismo. Y en el mar, cuando el sol se refleja en el agua, a la playa llegan las voces de barcos lejanos algunas millas, un grito corre sobre el reflejo y salta como piedras lanzadas entre las olas. Aquel grito lejano, desgarrador, indefenso, llega como un silbido agudo. Y hace el giro del mundo. Muchos lo perciben, fuerte y claro, potente como una bomba. Nada serā ya igual que antes.



2 de agosto de 1980, estaciōn de Boloņa. Sergio Secci tiene 24 aņos. La noche antes llama por telčfono a sus padres, Torquato y Lidia: “ esta noche estoy en una fiesta. Maņana voy para arriba en Alto Adige, a Bolzano, cojo el expreso de las 8.18 am a Boloņa. Tiene la voz tranquila, serena, calma pero aquel dėa no logra coger el tren, Un estupido atraso de pocos minutos. Se dirige a la oficina de informaciōn y descubre que otro tren estā por llegar. Estā anunciado para las 10.50 am. Espera el transbordo.

Roberto Procelli tambičn estā en Boloņa. Viene de San Leo di Anghiari, Arezzo. Saliō de alė soldado. 121 Batallōn de artillerėa en Boloņa. Ahora se encuentra ahė, debajo de la marquesina a esperar su tren de regreso. Se pone debajo del viejo reloj de la estaciōn. Manecillas que marcan el tiempo, y los trenes en llegada y las numerosas salidas.

Puede ver ese rėo de gentes, de trenes en trānsitos que se intersectan a traves de los andenes atestados, de los gritos de vendedores de bocaditos y bebidas. Del resto es el 2 de agosto y un Paės quiere ir al mar. Los vagones estan abarrotados hasta el inverosimil. Hay quičn entra por la puertas. Enormes malets pasan dentro a pocos centėmetros de las ventallinas abiertas. Una multitud. En la billeterėa hay una cola que no se veėa desde hace tiempo, todos empujan, los asientos son pocos, quičn ha reservado, quien no tendrā nunca un billete ese dėa.

Los niņos no conocen las reglas de los adultos. Imaginense en una estaciōn en agosto, en medio a ese alboroto es como sentirlos. Escapan, se esconden despučs se cogen y se ensiguen. Una danza que puede seguir hasta el infinito. “ Dale... no me coges... no sabes correr”. Los padres no logran tranquilizarlos. Hay dos hermanos daneses Eckhardt, 14 aņos y Kai Mader, 8 aņos, un niņote de la cara redonda. Margherete Mader, 39 aņos, es su madre. Los niņos corren... corren ... sin parar.

En la sala entra un hombre con una bolsa- maleta en la mano, de esas con el ziper y las patas metālicas. Mira alrededor, todos hablan, fuman, leen. No se dan cuenta de lo que ocurre. No prestan mucha atenciōn. Nadie lo ve, nadie lo distingue entre tantas caras. Una sospecha, una circunstancia, un testimonio. Nada. El hombre coloca la maleta en la mesita porta. Equipajes, a cincuenta centėmetros del suelo, al lado de la pared portante de la sala, el timer estā ya activado, puntado en los nųmeros, 10.25 am.

Diez minutos. Luego el estrago. Veinte, venticinco kilogramos de explosivo gelatinado Compound B, de tipo militar, comprimido en una maleta de aspecto normal. 10.25 am. Un fuerte viento barre cada cosa, un tornado violento, mās fuerte que un terremoto, algo que tiene el sabor de la muerte y de cosa quemadas, de viejos estruendos, y gritos, polvo, humo, olor de brazos. Una sala de espera de segunda clase se ha desmenuzado como hacen lo castillos de arena cuando la marea estā alta, entrō en aquella de primera clase y arrasō con todas las cosas.

Centenares de metros cubos de tierra, vigas largas docientos metros, marquesinas de acero, traviesas, piedras, andenes troncados de neto, fragmentos de raėles, enormes bloques de cemento reducidos pequeņos pedacitos, con dentro hombres, mujeres, niņos, muchachos, ancianos




“............3,7,6,8,14,16,19,20,22,23,24,44,66,72. Aņos vividos que no son nųmeros para estadisticas. Descubren que aquella targa tiene un alma y a veces habla. Aquellas palabras despedazadas es como si volaran. Todavėa hoy, despučs que el tiempo ha seguido su curso. Alrededor de Boloņa los trenes hacen los mismos recorridos. En el primer andčn estā un seņor con el delantal blanco que vende bocaditos y cafč. La locomotora descelera, frena, se para, descarga pasajeros mientras otros se quedan pegados a las ventanillas. Propio como el 2 de agosto de 1980. Si te pones de la otra parte del cristal de la sala de espera puedes observar las caras de los que pasan veloces y de cuantos se paran y recuerdan. Laura es una maestra de Modena. Tiene cogidos de las manos dos niņos. Ese viaje es una promesa mantenida. Encima del Apenino Tosco – Emiliano, en Porretta Terme hay un campismo. Los niņos se bajan del tren y Laura los lleva al bar a que tomen algo. Cuarenta minutos los separan del transbordo con el local Boloņa – Firenze. Pasan cantando delante a aquella lāpide, pero Laura se recuerda que hoy es 2 de agosto. Y se pone propio delante a la lista de esos nombres que ya no existen y que no han conocido nunca. Ales, Algano, Basso, Banduan, Bergianti, Bertasi, Betti, Bianchi, bivona, Bonora, Bugamelli, Burri.... Son 85 muertos del estrago.


A aquellos niņos que van de vacaciones, Laura les cuenta: “ Era un dėa de agosto propio como hoy. Aquė estaban centenares de persona que iban de vacaciones, como nosotros ahora. De momento el estallido de una bomba los aplastō, muertos. Muchos de ellos eran niņos, como ustedes” Los dos muchachitos la escuchan en silencio, petrificados. Uno se come las uņas, el otro mira hacia los andenes. Por pocos segundos tienen la sensaciōn de no ser inmortales. Laura se queda aųn bajo la marquesina del primer andčn pero la bocina anuncia el tren para Firenze. Y asė coge a los niņos y se va. Desaparecen detrās del āngulo del ala de la estaciōn donde salen los trenes locales. Al menos Laura tiene los ojos de la memoria”.

Para no olvidar, gracias